Es una tarde hartiza, aburrida, como cualquiera de las demás. Es un día lúgubre y oscuro. Me acompaña mi soledad, mi incombustible compañera. Mis demonios permanecen conmigo, asentados en mi cabeza, metidos en mi cama.
En este día eterno, el Sol intenta asomarse pero las nubes no se lo permiten. Mis pensamientos no encuentran su lugar correspondiente, donde sentarse y respirar. El cielo se oscurece cada vez más, como si fuese a caerse de un momento a otro.
Observando el techo de mi habitación, donde mi imaginación me muestra la película de mis recuerdos, miles de colores y formas se esconden y juegan, mientras, de fondo, los Guns n' Roses llaman a la puerta del cielo.
El sol se asoma tímidamente, casi sin molestar, y esa oscuridad se disipa muy lentamente, y se lleva a mis sombras cogidas de la mano, despacio, sin hacer ruido. El vapor de los árboles asciende de nuevo a su procedencia, filtrando los rayos, mandándome un tierno mensaje en forma de sonrisa.
Mientras tanto, continúo observando el paisaje de mi ventana, el juego de luces y sombras que crea este día otoñal, marrón y gris, en este día de plata derretida entre las nubes.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
sábado, 12 de octubre de 2013
A tu vera.
Camino a solas por esta calle abandonada, tocando con la palma de mis manos la rugosa pared de los edificios antiguos. Empiezo a atisbar a la gente bebiendo cerveza, olvidando quién sabe a qué amor fallido. Y justo en ese momento, pienso en ti, en tus ojos verdes sonriéndome, tus manos recorriendo cada una de mis vértebras como si fueran las teclas de un piano, o tus labios susurrándome al oído palabras que hacen que los poros de mi piel suden mis ganas de ti.
Meto las manos en las mangas del jersey, y me limpio las lágrimas que el frío ha arrancado de mis ojos. Sigo caminando entre el bullicio y el alboroto, sintiéndome pequeña, perdiéndome entre diferentes historias.
Y así, pese a la distancia, estoy contigo. Aunque la vida nos ponga barreras, prefiero que mis muñecas lloren que perder un segundo a tu vera. Somos dos almas que necesitan la existencia de la otra para comprender el sentido de la suya.
Continúo caminando en la noche, sola, con el frío viento cortándome las mejillas, acariciando las piedras de los edificios, pensando en cuentos con finales felices.
Meto las manos en las mangas del jersey, y me limpio las lágrimas que el frío ha arrancado de mis ojos. Sigo caminando entre el bullicio y el alboroto, sintiéndome pequeña, perdiéndome entre diferentes historias.
Y así, pese a la distancia, estoy contigo. Aunque la vida nos ponga barreras, prefiero que mis muñecas lloren que perder un segundo a tu vera. Somos dos almas que necesitan la existencia de la otra para comprender el sentido de la suya.
Continúo caminando en la noche, sola, con el frío viento cortándome las mejillas, acariciando las piedras de los edificios, pensando en cuentos con finales felices.
sábado, 7 de septiembre de 2013
A un gran amigo.
Joven héroe, joven luchador. Un joven guerrero que ha peleado duro en una batalla larga y difícil. Y no la ha perdido, solo se ha echado a un lado al ver quién es más fuerte. Trece años de amistad nunca se olvidan, y menos su sonrisa y sus abrazos. Alguien así nunca se olvida.
No existía maldad en él. No sabía siquiera qué significaba. Él era alguien que sonreía con sinceridad. Alguien que te alegraba con sólo un abrazo. Es típico hablar bien de alguien cuando ya no está, pero jamás nadie podría hablar mal de él. Se le quería con solo verle reír.
Ahora que no estás, es todo más difícil. Toca seguir sin ti pero contigo; permanecerás, ausente, en nuestra vida.
Te considero uno de mis mejores amigos, porque te lo has ganado a pulso. Pocas veces te he dicho lo mucho que te quiero, nunca ha sido suficiente. Y ahora que no estás, me has dado donde duele, en mi pilar más fuerte y sólido.
Te quiero, Miguel Ángel, y ten por seguro que siempre lo haré, y permanecerás siempre conmigo, con tu sonrisa y tu alegría. Como tú eres.
No existía maldad en él. No sabía siquiera qué significaba. Él era alguien que sonreía con sinceridad. Alguien que te alegraba con sólo un abrazo. Es típico hablar bien de alguien cuando ya no está, pero jamás nadie podría hablar mal de él. Se le quería con solo verle reír.
Ahora que no estás, es todo más difícil. Toca seguir sin ti pero contigo; permanecerás, ausente, en nuestra vida.
Te considero uno de mis mejores amigos, porque te lo has ganado a pulso. Pocas veces te he dicho lo mucho que te quiero, nunca ha sido suficiente. Y ahora que no estás, me has dado donde duele, en mi pilar más fuerte y sólido.
Te quiero, Miguel Ángel, y ten por seguro que siempre lo haré, y permanecerás siempre conmigo, con tu sonrisa y tu alegría. Como tú eres.
miércoles, 28 de agosto de 2013
Escapar.
Recorro la oscuridad de las calles bajo la lluvia, calada hasta los huesos. No tengo dónde ni con quien ir; el pelo mojado se cae sobre mis ojos y hace que se me corra el maquillaje de los ojos. Negras gotas de agua circulan por mi mejilla y se lanzan al vacío por mis labios. Y entonces, apareces tú montado en tu moto negra, con una cazadora de cuero y un casco con visera. Paras la moto en un derrape. Yo permanezco de pie bajo la lluvia, y nos miramos durante un instante eterno. Agito la cabeza y echo a correr, me monto en la moto y partes a toda velocidad. Rodeo tu cintura con mis brazos, con fuerza, y haces un caballito. Se me escapa un grito pero se ahoga en mis labios, y giras en cada curva haciendo que nuestras rodillas casi toquen el asfalto. Siento el viento azotando mi cara, secando mi pelo. Apoyo mi cabeza en tu espalda, y llevo mis manos a tu pecho, abrazándote con fuerza. Quitas una mano del manillar y rozas mi pierna, haciendo que se me erice la piel. Y así, permanecemos en un silencio nada incómodo, yo abrazada a ti, en la oscuridad de la noche, a toda velocidad.
jueves, 22 de agosto de 2013
Tardes de verano.
Princesa latente, estúpida sonrisa la que se me dibuja cada vez que te paseas orgullosa por mi cabeza. Tu inmaculada piel recibe el baño de los rayos solares y tus rizos del color del cobre ondean ligeramente al viento. Tus labios se entreabren mostrando una sonrisa perfecta.
Dibujo en tu espalda historias de princesas que sueñan con príncipes, miles de sueños de infancia e ilusiones. Y tú te ríes sincera, como si mis cuentos invisibles tatuados en tu piel fueran lo mejor del mundo.
Y me coges de las manos y echas a correr mostrándome tu sonrisa más tentadora. Corres grácil, ligera, como si debajo de tus pies no existiese nada más. Como si fueseis únicamente el aire y tú.
Tus hombros sonrosados muestran un campo entero de pecas que se pierden, traviesas, por tu escote. Y mis besos recorren con cuidado cada lunar de tu cuello, para que no se me escape ninguno.
Y así, los dos juntos, tumbados en el verde suelo, cerramos los ojos y olvidamos lo demás, y nos trasladamos a un mundo en el que yo sueño que eres mi princesa, y conquisto todas y cada una de tus pecas para convertirme en tu más valiente guerrero.
Dibujo en tu espalda historias de princesas que sueñan con príncipes, miles de sueños de infancia e ilusiones. Y tú te ríes sincera, como si mis cuentos invisibles tatuados en tu piel fueran lo mejor del mundo.
Y me coges de las manos y echas a correr mostrándome tu sonrisa más tentadora. Corres grácil, ligera, como si debajo de tus pies no existiese nada más. Como si fueseis únicamente el aire y tú.
Tus hombros sonrosados muestran un campo entero de pecas que se pierden, traviesas, por tu escote. Y mis besos recorren con cuidado cada lunar de tu cuello, para que no se me escape ninguno.
Y así, los dos juntos, tumbados en el verde suelo, cerramos los ojos y olvidamos lo demás, y nos trasladamos a un mundo en el que yo sueño que eres mi princesa, y conquisto todas y cada una de tus pecas para convertirme en tu más valiente guerrero.
martes, 20 de agosto de 2013
Lo hecho, hecho está y permanecerá para siempre.
Una imagen en blanco y negro. Un recuerdo punzante, doloroso. Observo desde mi balcón la madrugada, la luna llena que lo ilumina todo.
Con cada parpadeo, con cada latido, echo de menos mis años de juventud. Felicidad y desilusiones a partes iguales. La vida se combustiona como el cigarro entre mis dedos. Un camino en el que no se te permite rehacer tus pasos. Lo hecho, hecho está, y permanecerá para siempre.
Suspiro al recordar todo lo que pude hacer y lo dejé perderse.
Suspiro al recordar a quien pude tener y lo dejé marchar.
Suspiro al recordar lo que pude tener y lo dejé pasar.
No es un camino de rosas, sino más bien un campo de minas, pero lo que le da sentido es la espontaneidad. La espontaneidad de un beso, un mensaje, un "te quiero". La espontaneidad de una sonrisa, una caricia. Puedes caminar a ver si la mina explota, pero si no lo intentas, no sabes si lo hará. La vida es tan imprevisible que todo puede cambiar voriginosamente. Todo puede acabar en un suspiro, y es en ese intento de caminar. Pero si la suerte está de nuestro lado, la mina no explotará.
Me paso el pelo detrás de la oreja, echo el humo de esta última calada y miro al cielo, a la luna, con su blancura perfecta. Soy consciente de que estoy haciéndolo bien en esta batalla constante y suspiro, esta vez con una sonrisa, al pensar en qué es lo que me deparará en cuanto abra los ojos.
Con cada parpadeo, con cada latido, echo de menos mis años de juventud. Felicidad y desilusiones a partes iguales. La vida se combustiona como el cigarro entre mis dedos. Un camino en el que no se te permite rehacer tus pasos. Lo hecho, hecho está, y permanecerá para siempre.
Suspiro al recordar todo lo que pude hacer y lo dejé perderse.
Suspiro al recordar a quien pude tener y lo dejé marchar.
Suspiro al recordar lo que pude tener y lo dejé pasar.
No es un camino de rosas, sino más bien un campo de minas, pero lo que le da sentido es la espontaneidad. La espontaneidad de un beso, un mensaje, un "te quiero". La espontaneidad de una sonrisa, una caricia. Puedes caminar a ver si la mina explota, pero si no lo intentas, no sabes si lo hará. La vida es tan imprevisible que todo puede cambiar voriginosamente. Todo puede acabar en un suspiro, y es en ese intento de caminar. Pero si la suerte está de nuestro lado, la mina no explotará.
Me paso el pelo detrás de la oreja, echo el humo de esta última calada y miro al cielo, a la luna, con su blancura perfecta. Soy consciente de que estoy haciéndolo bien en esta batalla constante y suspiro, esta vez con una sonrisa, al pensar en qué es lo que me deparará en cuanto abra los ojos.
miércoles, 7 de agosto de 2013
Eterno recuerdo.
Quiero que entierres todos tus secretos en mi piel. que tu aroma se mantenga guardado bajo llave en mí. Quiero sentir tus ojos mirarme fijamente durante tan solo un segundo. No quiero más.
Permanezco sentado observando tu recuerdo en estas fotografías. Recuerdos de besos. sonrisas y suspiros invaden mi estúpida habitación y no querrán salir. La luz plateada de una enorme luna ilumina mi balcón. donde gustabas asomarte, dejando que la brisa meciera tu dorada melena como en un vals. Me recuerdo abrazándote por detrás, rodeando tu cintura. y una frase de fondo: <<''I'll love you always'', filled my eyes>>.
Y observándote en tu eterna pose sonriente, en tu eterna sonrisa, mi corazón deja de latir al recordar cómo cruzaste mi puerta; cómo te mordías el labio el día que nos conocimos.
Tu perfume reside aún en mis sábanas. y no puedo más que decir que te echo de menos. No sé ni dónde estarás, ni si otra persona se ha ganado valientemente tu sonrisa, ni si han recorrido el firme camino de tu columna. En mi cabeza arde el remordimiento, el desear que me recuerdes, el de poder sentir tus manos enredarse en mi pelo. Pero nada de eso es posible, aunque tu ausencia me destruye lentamente como un cáncer. Te quiero aquí, conmigo, en mis brazos, sin ninguna extraña circunstancia que haga que te muevas de mi lado.
Permanezco sentado observando tu recuerdo en estas fotografías. Recuerdos de besos. sonrisas y suspiros invaden mi estúpida habitación y no querrán salir. La luz plateada de una enorme luna ilumina mi balcón. donde gustabas asomarte, dejando que la brisa meciera tu dorada melena como en un vals. Me recuerdo abrazándote por detrás, rodeando tu cintura. y una frase de fondo: <<''I'll love you always'', filled my eyes>>.
Y observándote en tu eterna pose sonriente, en tu eterna sonrisa, mi corazón deja de latir al recordar cómo cruzaste mi puerta; cómo te mordías el labio el día que nos conocimos.
Tu perfume reside aún en mis sábanas. y no puedo más que decir que te echo de menos. No sé ni dónde estarás, ni si otra persona se ha ganado valientemente tu sonrisa, ni si han recorrido el firme camino de tu columna. En mi cabeza arde el remordimiento, el desear que me recuerdes, el de poder sentir tus manos enredarse en mi pelo. Pero nada de eso es posible, aunque tu ausencia me destruye lentamente como un cáncer. Te quiero aquí, conmigo, en mis brazos, sin ninguna extraña circunstancia que haga que te muevas de mi lado.
martes, 6 de agosto de 2013
Vivir.
Muchas veces ansiamos manejar nuestras vidas de manera que las tengamos perfectamente bajo control. Pero la vida es una ramera de mucho cuidado y nos hunde todos nuestros planes en un solo latido. Trastoca nuestras sobreprotegidas ideas, y no damos alas a nuevas expectativas. Y lo primero que pensamos es en la infinita oscuridad. Cerrar los ojos y no abrirlos nunca más. No sentir. No sufrir. No amar. No reír.
La vida siempre tiene una sonrisa que dedicarnos, pero dolo vemos la cara oculta de la luna. Lo demás no existe. No existen esas personas que siempre tendrán algo que decir, miradas que compartir, sonrisas que enseñar.
No existen personas a las que amar, con las que vivir alegrías e ilusiones.
No existen sueños que cumplir, ambiciones que convertir en realidad. Nada de eso existe. Solo una tupida e inútil capa de orgullo que nos ciega completamente. Y nada más.
La vida siempre tiene una sonrisa que dedicarnos, pero dolo vemos la cara oculta de la luna. Lo demás no existe. No existen esas personas que siempre tendrán algo que decir, miradas que compartir, sonrisas que enseñar.
No existen personas a las que amar, con las que vivir alegrías e ilusiones.
No existen sueños que cumplir, ambiciones que convertir en realidad. Nada de eso existe. Solo una tupida e inútil capa de orgullo que nos ciega completamente. Y nada más.
domingo, 14 de julio de 2013
Wish you were here.
Ya has llegado. Yo solo espero que me hayas echado un poco de menos. Que hayas pensado ''¿cómo estará, qué estará haciendo?''. Que hayas pensado en mi sonrisa, y hayas sonreído al recordarla. Que te sientes delante de la pantalla del ordenador para hablar conmigo, darme las buenas noches. Que sueñes conmigo esta noche. Que mañana, cuando te despiertes, yo sea lo primero en que pienses. Que inventes la forma en que me recibirás en cuanto me veas. Que me cojas la mano y me mires a los ojos. Que me hagas ruborizarme. Que cuando llegues, me eches de menos, que pienses en mí, en mi sonrisa...
Bienvenido de nuevo.
Bienvenido de nuevo.
jueves, 11 de julio de 2013
Fotografías.
Una imagen vale más que mil palabras. Delante del objetivo, posas ante mí como una musa. Mi fuente de inspiración. Sonríes, tímida; mueves las manos sin saber qué hacer. Tu belleza infantil se refleja en la pantalla de mi cámara, y tus ojos oscuros brillan con ilusión. Te ves cómoda, disfrutas con cada fotografía.
Posas para mí de mil maneras diferentes y ríes, divertida. La blancura de tu piel aparece luminiscente, tersa, suave. Tus labios muestran una dulce sonrisa, a la vez pícara.
Tu pelo ondea al viento, y se te echa en la cara a la vez que ríes. Entonces tengo la foto perfecta, la que tendré en papel y para siempre en mi cabeza.
Armonía de colores, el paisaje eclipsado por tu absoluta belleza. Mi musa, mi diva. Brotas inocencia por cada poro de tu piel.
El flash de mi cámara remarca tu belleza en la oscuridad, donde guiñas un ojo, provocativa. Atrapas el labio inferior con los dientes y tu risa suena como el agua al descender de una cascada. Me aceleras el corazón y te saco una y mil fotos; las que haga falta para mantener siempre presente en mí tu rostro, tu sonrisa, tu mirada.
Posas para mí de mil maneras diferentes y ríes, divertida. La blancura de tu piel aparece luminiscente, tersa, suave. Tus labios muestran una dulce sonrisa, a la vez pícara.
Tu pelo ondea al viento, y se te echa en la cara a la vez que ríes. Entonces tengo la foto perfecta, la que tendré en papel y para siempre en mi cabeza.
Armonía de colores, el paisaje eclipsado por tu absoluta belleza. Mi musa, mi diva. Brotas inocencia por cada poro de tu piel.
El flash de mi cámara remarca tu belleza en la oscuridad, donde guiñas un ojo, provocativa. Atrapas el labio inferior con los dientes y tu risa suena como el agua al descender de una cascada. Me aceleras el corazón y te saco una y mil fotos; las que haga falta para mantener siempre presente en mí tu rostro, tu sonrisa, tu mirada.
Diario de un soldado.
No hay patria que proteger, no hay bandera que clavar en el pecho del enemigo. No hay imperio que expandir, solo hombres asustados en una trinchera, esperando atacar.
No hay dios que nos proteja, no hay nadie a quien encomendarse. Solo hay hombres lejos de su familia, arrancando la vida a otros bajo nuestras mismas circunstancias. Algunos asesinan por puro entretenimiento. Otros, por miedo a ser ellos quienes dejen su vida en la batalla. Por desgracia, aquí lo único que vale es la valentía, que se mide en la cantidad de hombres a los que hayas asesinado.
No hay misiones, solo gente moribunda y pilas de cadáveres. Gente mutilada; brazos y piernas separados de sus dueños. Gente injustamente asesinada, criaturas abandonadas. En la guerra todo vale.
Vives con el temor de que de repente, en un solo momento, todo desaparezca. No hay planes de futuro, no hay sueños, no hay familia. Solo hombres jóvenes cavándose su propia tumba.
No hay bandera lo suficientemente amplia que consiga esconder toda la vergüenza de una patria que envía a sus hombres al suicidio asegurado. Pobres ignorantes bajo el mandato de alguien que está relajado en un sillón, fumando un puro mientras miles de hombres son separados de sus cuerpos o asesinados por su culpa.
Pero todo esto se hace por un sentimiento común: el amor a la patria, aunque sea bajo crueles engaños y trampas, mientras mi familia reza porque llegue vivo al calor de mi casa, mi hogar.
<<La muerte de una persona es una tragedia. La de millones, una estadística>> - Stalin.
No hay dios que nos proteja, no hay nadie a quien encomendarse. Solo hay hombres lejos de su familia, arrancando la vida a otros bajo nuestras mismas circunstancias. Algunos asesinan por puro entretenimiento. Otros, por miedo a ser ellos quienes dejen su vida en la batalla. Por desgracia, aquí lo único que vale es la valentía, que se mide en la cantidad de hombres a los que hayas asesinado.
No hay misiones, solo gente moribunda y pilas de cadáveres. Gente mutilada; brazos y piernas separados de sus dueños. Gente injustamente asesinada, criaturas abandonadas. En la guerra todo vale.
Vives con el temor de que de repente, en un solo momento, todo desaparezca. No hay planes de futuro, no hay sueños, no hay familia. Solo hombres jóvenes cavándose su propia tumba.
No hay bandera lo suficientemente amplia que consiga esconder toda la vergüenza de una patria que envía a sus hombres al suicidio asegurado. Pobres ignorantes bajo el mandato de alguien que está relajado en un sillón, fumando un puro mientras miles de hombres son separados de sus cuerpos o asesinados por su culpa.
Pero todo esto se hace por un sentimiento común: el amor a la patria, aunque sea bajo crueles engaños y trampas, mientras mi familia reza porque llegue vivo al calor de mi casa, mi hogar.
<<La muerte de una persona es una tragedia. La de millones, una estadística>> - Stalin.
Inseguridad.
Avanzo a través de la sala, buscando tu incombustible mirada. Risas falsas, desengaños y amantes nada discretos ocupan su puesto en este salón. Alguien toca el piano. Mi búsqueda no cesa, pero no consigo encontrarte. La desesperación se va haciendo hueco y el ansia de verte y hundirme entre tus brazos es superior a cualquier cosa.
Gente enmascarada con sus distintos vestidos baila, y me analiza a mi paso, mostrándome sus afilados colmillos.
Sigo buscándote con desamparo, y al fin te encuentro. Te giras y te abalanzas como un león a su presa. Besos en el cuello, arañazos... Y entonces te encuentro más vivo que nunca, y deseo con todas mis fuerzas que no te vayas de mi lado.
Pero te vas. Y me invade de nuevo esa frustrante sensación de abandono. Cierro los ojos y no puedo evitar golpear la pared con una fuerza que sería capaz de derribarla, y llorar hasta que mi pecho no pueda dar más de sí. Y así, quedarme dormida, donde los sueños son solo sueños, y poder permanecer en un estado en el que no abriré los ojos y no me daré cuenta de la cruda realidad: que no estás, que te has ido, y no podré volver a probar el suave aroma de tu piel, ni el romántico calor de tus labios, ni sentir tu mirada taladrándome. Todo eso se se acabó, como un río que muere inevitablemente en su desembocadura.
Todo terminó, y yo sólo me puedo preguntarme lo que pasará conmigo en este camino hacia ninguna parte.
Gente enmascarada con sus distintos vestidos baila, y me analiza a mi paso, mostrándome sus afilados colmillos.
Sigo buscándote con desamparo, y al fin te encuentro. Te giras y te abalanzas como un león a su presa. Besos en el cuello, arañazos... Y entonces te encuentro más vivo que nunca, y deseo con todas mis fuerzas que no te vayas de mi lado.
Pero te vas. Y me invade de nuevo esa frustrante sensación de abandono. Cierro los ojos y no puedo evitar golpear la pared con una fuerza que sería capaz de derribarla, y llorar hasta que mi pecho no pueda dar más de sí. Y así, quedarme dormida, donde los sueños son solo sueños, y poder permanecer en un estado en el que no abriré los ojos y no me daré cuenta de la cruda realidad: que no estás, que te has ido, y no podré volver a probar el suave aroma de tu piel, ni el romántico calor de tus labios, ni sentir tu mirada taladrándome. Todo eso se se acabó, como un río que muere inevitablemente en su desembocadura.
Todo terminó, y yo sólo me puedo preguntarme lo que pasará conmigo en este camino hacia ninguna parte.
miércoles, 10 de julio de 2013
Eterna princesa.
Mi eterna princesa. Eterno amor a través de un juramento de sangre. Lo juraste. Y ya no yaces conmigo.
La dulce inocencia de tu rostro, la picardía en tus ojos, la cautivadora sensualidad de tus labios, ya no están. Palpitas de un lado a otro, incesante.
No te veré esta noche, ni ninguna otra más. Decidiste pasar el resto de tus días con la luna. Y me lo juraste.
Promesas rotas circulan en mi sangre; dolor como nuevo pasatiempo. Tú, mi eterna princesa, que todo me lo diste, ¿por qué decidiste abrir tus alas y volar tan alto que al estrellarte te perdí para siempre?
Tú, mi eterna princesa, desapareciste. Celos de la luna, que acaricia tu pelo y saborea tu piel cada noche. Y yo pudriéndome lentamente, viviendo esta fría vida sin ti.
El fulgor, el calor, se fueron contigo, en la profundidad de tu sangre. Pero por favor, no me olvides. Yo no lo haré. La dulce melodía de tu risa aún resuena en mi cabeza, y ahí se quedará.
Tú, mi eterna princesa, pálida muñeca de porcelana, con tu mirada vacía observando el infinito, sintiéndote cada vez más fría. Interminable belleza en el filo de la bañera, observando tu sangre mezclarse con el dulce cristal, brotando los dos con armonía, hasta que uno de ellos se acabe.
La dulce inocencia de tu rostro, la picardía en tus ojos, la cautivadora sensualidad de tus labios, ya no están. Palpitas de un lado a otro, incesante.
No te veré esta noche, ni ninguna otra más. Decidiste pasar el resto de tus días con la luna. Y me lo juraste.
Promesas rotas circulan en mi sangre; dolor como nuevo pasatiempo. Tú, mi eterna princesa, que todo me lo diste, ¿por qué decidiste abrir tus alas y volar tan alto que al estrellarte te perdí para siempre?
Tú, mi eterna princesa, desapareciste. Celos de la luna, que acaricia tu pelo y saborea tu piel cada noche. Y yo pudriéndome lentamente, viviendo esta fría vida sin ti.
El fulgor, el calor, se fueron contigo, en la profundidad de tu sangre. Pero por favor, no me olvides. Yo no lo haré. La dulce melodía de tu risa aún resuena en mi cabeza, y ahí se quedará.
Tú, mi eterna princesa, pálida muñeca de porcelana, con tu mirada vacía observando el infinito, sintiéndote cada vez más fría. Interminable belleza en el filo de la bañera, observando tu sangre mezclarse con el dulce cristal, brotando los dos con armonía, hasta que uno de ellos se acabe.
martes, 9 de julio de 2013
No estás. No estarás.
Es más de medianoche. Salgo al oscuro balcón únicamente iluminado por la pálida luz de la luna. Es noche cerrada, y no se ven estrellas. Sin quererlo, una lágrima viola mi intimidad y se suicida por mi mejilla. No estás. No estarás.
Eres como el humo del cigarro que sujetan mis dedos. Te desvaneces de repente. Sé que esta sensación de tortura inminente e incontrolablemente infinita residirá en mí. Porque nadie la ha llamado, y ha venido para quedarse. Solo tú puedes eliminarla, como en una Solución Final. Pero no estás. No estarás.
La calle está desierta. La luz de una farola titila, inquietante. Un gato cruza la calle como en un suspiro. En un solo momento. Y viendo ese maldito gato cruzar, en ese eterno segundo, te echo de menos. Porque no estás. Ni estarás.
Y en ese segundo infinito, ese segundo, tu sonrisa aparece en mi cabeza como un disparo a quemarropa contra mi boca. Y mi cuerpo se desploma. Porque no estás. Ni estarás.
Es verano y hace calor, pero me invade un frío familiarmente doloroso. Automático, seduciendo a mi alma para hacerla hielo y, después, romperla con un gran mazo para hacerla añicos.
Reaparecen tus recuerdos, inquisidores torturadores de esta pobre y moribunda alma. Porque no estás. Ni estarás.
Tu ausencia se palpa, tu presencia se muere, explotando mis neuronas. Me vuelvo a la cama, esperando que la noche no muera en mis brazos, que el sol no vuelva a hacer de las suyas. Que sea una noche eterna, punzosamente lúgubre. Porque no estás. No estarás.
Eres como el humo del cigarro que sujetan mis dedos. Te desvaneces de repente. Sé que esta sensación de tortura inminente e incontrolablemente infinita residirá en mí. Porque nadie la ha llamado, y ha venido para quedarse. Solo tú puedes eliminarla, como en una Solución Final. Pero no estás. No estarás.
La calle está desierta. La luz de una farola titila, inquietante. Un gato cruza la calle como en un suspiro. En un solo momento. Y viendo ese maldito gato cruzar, en ese eterno segundo, te echo de menos. Porque no estás. Ni estarás.
Y en ese segundo infinito, ese segundo, tu sonrisa aparece en mi cabeza como un disparo a quemarropa contra mi boca. Y mi cuerpo se desploma. Porque no estás. Ni estarás.
Es verano y hace calor, pero me invade un frío familiarmente doloroso. Automático, seduciendo a mi alma para hacerla hielo y, después, romperla con un gran mazo para hacerla añicos.
Reaparecen tus recuerdos, inquisidores torturadores de esta pobre y moribunda alma. Porque no estás. Ni estarás.
Tu ausencia se palpa, tu presencia se muere, explotando mis neuronas. Me vuelvo a la cama, esperando que la noche no muera en mis brazos, que el sol no vuelva a hacer de las suyas. Que sea una noche eterna, punzosamente lúgubre. Porque no estás. No estarás.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)