martes, 20 de agosto de 2013

Lo hecho, hecho está y permanecerá para siempre.

Una imagen en blanco y negro. Un recuerdo punzante, doloroso. Observo desde mi balcón la madrugada, la luna llena que lo ilumina todo.
Con cada parpadeo, con cada latido, echo de menos mis años de juventud. Felicidad y desilusiones a partes iguales. La vida se combustiona como el cigarro entre mis dedos. Un camino en el que no se te permite rehacer tus pasos. Lo hecho, hecho está, y permanecerá para siempre.
Suspiro al recordar todo lo que pude hacer y lo dejé perderse.
Suspiro al recordar a quien pude tener y lo dejé marchar.
Suspiro al recordar lo que pude tener y lo dejé pasar.
No es un camino de rosas, sino más bien un campo de minas, pero lo que le da sentido es la espontaneidad. La espontaneidad de un beso, un mensaje, un "te quiero". La espontaneidad de una sonrisa, una caricia. Puedes caminar a ver si la mina explota, pero si no lo intentas, no sabes si lo hará. La vida es tan imprevisible que todo puede cambiar voriginosamente. Todo puede acabar en un suspiro, y es en ese intento de caminar. Pero si la suerte está de nuestro lado, la mina no explotará.
Me paso el pelo detrás de la oreja, echo el humo de esta última calada y miro al cielo, a la luna, con su blancura perfecta. Soy consciente de que estoy haciéndolo bien en esta batalla constante y suspiro, esta vez con una sonrisa, al pensar en qué es lo que me deparará en cuanto abra los ojos.

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