Ya has llegado. Yo solo espero que me hayas echado un poco de menos. Que hayas pensado ''¿cómo estará, qué estará haciendo?''. Que hayas pensado en mi sonrisa, y hayas sonreído al recordarla. Que te sientes delante de la pantalla del ordenador para hablar conmigo, darme las buenas noches. Que sueñes conmigo esta noche. Que mañana, cuando te despiertes, yo sea lo primero en que pienses. Que inventes la forma en que me recibirás en cuanto me veas. Que me cojas la mano y me mires a los ojos. Que me hagas ruborizarme. Que cuando llegues, me eches de menos, que pienses en mí, en mi sonrisa...
Bienvenido de nuevo.
domingo, 14 de julio de 2013
jueves, 11 de julio de 2013
Fotografías.
Una imagen vale más que mil palabras. Delante del objetivo, posas ante mí como una musa. Mi fuente de inspiración. Sonríes, tímida; mueves las manos sin saber qué hacer. Tu belleza infantil se refleja en la pantalla de mi cámara, y tus ojos oscuros brillan con ilusión. Te ves cómoda, disfrutas con cada fotografía.
Posas para mí de mil maneras diferentes y ríes, divertida. La blancura de tu piel aparece luminiscente, tersa, suave. Tus labios muestran una dulce sonrisa, a la vez pícara.
Tu pelo ondea al viento, y se te echa en la cara a la vez que ríes. Entonces tengo la foto perfecta, la que tendré en papel y para siempre en mi cabeza.
Armonía de colores, el paisaje eclipsado por tu absoluta belleza. Mi musa, mi diva. Brotas inocencia por cada poro de tu piel.
El flash de mi cámara remarca tu belleza en la oscuridad, donde guiñas un ojo, provocativa. Atrapas el labio inferior con los dientes y tu risa suena como el agua al descender de una cascada. Me aceleras el corazón y te saco una y mil fotos; las que haga falta para mantener siempre presente en mí tu rostro, tu sonrisa, tu mirada.
Posas para mí de mil maneras diferentes y ríes, divertida. La blancura de tu piel aparece luminiscente, tersa, suave. Tus labios muestran una dulce sonrisa, a la vez pícara.
Tu pelo ondea al viento, y se te echa en la cara a la vez que ríes. Entonces tengo la foto perfecta, la que tendré en papel y para siempre en mi cabeza.
Armonía de colores, el paisaje eclipsado por tu absoluta belleza. Mi musa, mi diva. Brotas inocencia por cada poro de tu piel.
El flash de mi cámara remarca tu belleza en la oscuridad, donde guiñas un ojo, provocativa. Atrapas el labio inferior con los dientes y tu risa suena como el agua al descender de una cascada. Me aceleras el corazón y te saco una y mil fotos; las que haga falta para mantener siempre presente en mí tu rostro, tu sonrisa, tu mirada.
Diario de un soldado.
No hay patria que proteger, no hay bandera que clavar en el pecho del enemigo. No hay imperio que expandir, solo hombres asustados en una trinchera, esperando atacar.
No hay dios que nos proteja, no hay nadie a quien encomendarse. Solo hay hombres lejos de su familia, arrancando la vida a otros bajo nuestras mismas circunstancias. Algunos asesinan por puro entretenimiento. Otros, por miedo a ser ellos quienes dejen su vida en la batalla. Por desgracia, aquí lo único que vale es la valentía, que se mide en la cantidad de hombres a los que hayas asesinado.
No hay misiones, solo gente moribunda y pilas de cadáveres. Gente mutilada; brazos y piernas separados de sus dueños. Gente injustamente asesinada, criaturas abandonadas. En la guerra todo vale.
Vives con el temor de que de repente, en un solo momento, todo desaparezca. No hay planes de futuro, no hay sueños, no hay familia. Solo hombres jóvenes cavándose su propia tumba.
No hay bandera lo suficientemente amplia que consiga esconder toda la vergüenza de una patria que envía a sus hombres al suicidio asegurado. Pobres ignorantes bajo el mandato de alguien que está relajado en un sillón, fumando un puro mientras miles de hombres son separados de sus cuerpos o asesinados por su culpa.
Pero todo esto se hace por un sentimiento común: el amor a la patria, aunque sea bajo crueles engaños y trampas, mientras mi familia reza porque llegue vivo al calor de mi casa, mi hogar.
<<La muerte de una persona es una tragedia. La de millones, una estadística>> - Stalin.
No hay dios que nos proteja, no hay nadie a quien encomendarse. Solo hay hombres lejos de su familia, arrancando la vida a otros bajo nuestras mismas circunstancias. Algunos asesinan por puro entretenimiento. Otros, por miedo a ser ellos quienes dejen su vida en la batalla. Por desgracia, aquí lo único que vale es la valentía, que se mide en la cantidad de hombres a los que hayas asesinado.
No hay misiones, solo gente moribunda y pilas de cadáveres. Gente mutilada; brazos y piernas separados de sus dueños. Gente injustamente asesinada, criaturas abandonadas. En la guerra todo vale.
Vives con el temor de que de repente, en un solo momento, todo desaparezca. No hay planes de futuro, no hay sueños, no hay familia. Solo hombres jóvenes cavándose su propia tumba.
No hay bandera lo suficientemente amplia que consiga esconder toda la vergüenza de una patria que envía a sus hombres al suicidio asegurado. Pobres ignorantes bajo el mandato de alguien que está relajado en un sillón, fumando un puro mientras miles de hombres son separados de sus cuerpos o asesinados por su culpa.
Pero todo esto se hace por un sentimiento común: el amor a la patria, aunque sea bajo crueles engaños y trampas, mientras mi familia reza porque llegue vivo al calor de mi casa, mi hogar.
<<La muerte de una persona es una tragedia. La de millones, una estadística>> - Stalin.
Inseguridad.
Avanzo a través de la sala, buscando tu incombustible mirada. Risas falsas, desengaños y amantes nada discretos ocupan su puesto en este salón. Alguien toca el piano. Mi búsqueda no cesa, pero no consigo encontrarte. La desesperación se va haciendo hueco y el ansia de verte y hundirme entre tus brazos es superior a cualquier cosa.
Gente enmascarada con sus distintos vestidos baila, y me analiza a mi paso, mostrándome sus afilados colmillos.
Sigo buscándote con desamparo, y al fin te encuentro. Te giras y te abalanzas como un león a su presa. Besos en el cuello, arañazos... Y entonces te encuentro más vivo que nunca, y deseo con todas mis fuerzas que no te vayas de mi lado.
Pero te vas. Y me invade de nuevo esa frustrante sensación de abandono. Cierro los ojos y no puedo evitar golpear la pared con una fuerza que sería capaz de derribarla, y llorar hasta que mi pecho no pueda dar más de sí. Y así, quedarme dormida, donde los sueños son solo sueños, y poder permanecer en un estado en el que no abriré los ojos y no me daré cuenta de la cruda realidad: que no estás, que te has ido, y no podré volver a probar el suave aroma de tu piel, ni el romántico calor de tus labios, ni sentir tu mirada taladrándome. Todo eso se se acabó, como un río que muere inevitablemente en su desembocadura.
Todo terminó, y yo sólo me puedo preguntarme lo que pasará conmigo en este camino hacia ninguna parte.
Gente enmascarada con sus distintos vestidos baila, y me analiza a mi paso, mostrándome sus afilados colmillos.
Sigo buscándote con desamparo, y al fin te encuentro. Te giras y te abalanzas como un león a su presa. Besos en el cuello, arañazos... Y entonces te encuentro más vivo que nunca, y deseo con todas mis fuerzas que no te vayas de mi lado.
Pero te vas. Y me invade de nuevo esa frustrante sensación de abandono. Cierro los ojos y no puedo evitar golpear la pared con una fuerza que sería capaz de derribarla, y llorar hasta que mi pecho no pueda dar más de sí. Y así, quedarme dormida, donde los sueños son solo sueños, y poder permanecer en un estado en el que no abriré los ojos y no me daré cuenta de la cruda realidad: que no estás, que te has ido, y no podré volver a probar el suave aroma de tu piel, ni el romántico calor de tus labios, ni sentir tu mirada taladrándome. Todo eso se se acabó, como un río que muere inevitablemente en su desembocadura.
Todo terminó, y yo sólo me puedo preguntarme lo que pasará conmigo en este camino hacia ninguna parte.
miércoles, 10 de julio de 2013
Eterna princesa.
Mi eterna princesa. Eterno amor a través de un juramento de sangre. Lo juraste. Y ya no yaces conmigo.
La dulce inocencia de tu rostro, la picardía en tus ojos, la cautivadora sensualidad de tus labios, ya no están. Palpitas de un lado a otro, incesante.
No te veré esta noche, ni ninguna otra más. Decidiste pasar el resto de tus días con la luna. Y me lo juraste.
Promesas rotas circulan en mi sangre; dolor como nuevo pasatiempo. Tú, mi eterna princesa, que todo me lo diste, ¿por qué decidiste abrir tus alas y volar tan alto que al estrellarte te perdí para siempre?
Tú, mi eterna princesa, desapareciste. Celos de la luna, que acaricia tu pelo y saborea tu piel cada noche. Y yo pudriéndome lentamente, viviendo esta fría vida sin ti.
El fulgor, el calor, se fueron contigo, en la profundidad de tu sangre. Pero por favor, no me olvides. Yo no lo haré. La dulce melodía de tu risa aún resuena en mi cabeza, y ahí se quedará.
Tú, mi eterna princesa, pálida muñeca de porcelana, con tu mirada vacía observando el infinito, sintiéndote cada vez más fría. Interminable belleza en el filo de la bañera, observando tu sangre mezclarse con el dulce cristal, brotando los dos con armonía, hasta que uno de ellos se acabe.
La dulce inocencia de tu rostro, la picardía en tus ojos, la cautivadora sensualidad de tus labios, ya no están. Palpitas de un lado a otro, incesante.
No te veré esta noche, ni ninguna otra más. Decidiste pasar el resto de tus días con la luna. Y me lo juraste.
Promesas rotas circulan en mi sangre; dolor como nuevo pasatiempo. Tú, mi eterna princesa, que todo me lo diste, ¿por qué decidiste abrir tus alas y volar tan alto que al estrellarte te perdí para siempre?
Tú, mi eterna princesa, desapareciste. Celos de la luna, que acaricia tu pelo y saborea tu piel cada noche. Y yo pudriéndome lentamente, viviendo esta fría vida sin ti.
El fulgor, el calor, se fueron contigo, en la profundidad de tu sangre. Pero por favor, no me olvides. Yo no lo haré. La dulce melodía de tu risa aún resuena en mi cabeza, y ahí se quedará.
Tú, mi eterna princesa, pálida muñeca de porcelana, con tu mirada vacía observando el infinito, sintiéndote cada vez más fría. Interminable belleza en el filo de la bañera, observando tu sangre mezclarse con el dulce cristal, brotando los dos con armonía, hasta que uno de ellos se acabe.
martes, 9 de julio de 2013
No estás. No estarás.
Es más de medianoche. Salgo al oscuro balcón únicamente iluminado por la pálida luz de la luna. Es noche cerrada, y no se ven estrellas. Sin quererlo, una lágrima viola mi intimidad y se suicida por mi mejilla. No estás. No estarás.
Eres como el humo del cigarro que sujetan mis dedos. Te desvaneces de repente. Sé que esta sensación de tortura inminente e incontrolablemente infinita residirá en mí. Porque nadie la ha llamado, y ha venido para quedarse. Solo tú puedes eliminarla, como en una Solución Final. Pero no estás. No estarás.
La calle está desierta. La luz de una farola titila, inquietante. Un gato cruza la calle como en un suspiro. En un solo momento. Y viendo ese maldito gato cruzar, en ese eterno segundo, te echo de menos. Porque no estás. Ni estarás.
Y en ese segundo infinito, ese segundo, tu sonrisa aparece en mi cabeza como un disparo a quemarropa contra mi boca. Y mi cuerpo se desploma. Porque no estás. Ni estarás.
Es verano y hace calor, pero me invade un frío familiarmente doloroso. Automático, seduciendo a mi alma para hacerla hielo y, después, romperla con un gran mazo para hacerla añicos.
Reaparecen tus recuerdos, inquisidores torturadores de esta pobre y moribunda alma. Porque no estás. Ni estarás.
Tu ausencia se palpa, tu presencia se muere, explotando mis neuronas. Me vuelvo a la cama, esperando que la noche no muera en mis brazos, que el sol no vuelva a hacer de las suyas. Que sea una noche eterna, punzosamente lúgubre. Porque no estás. No estarás.
Eres como el humo del cigarro que sujetan mis dedos. Te desvaneces de repente. Sé que esta sensación de tortura inminente e incontrolablemente infinita residirá en mí. Porque nadie la ha llamado, y ha venido para quedarse. Solo tú puedes eliminarla, como en una Solución Final. Pero no estás. No estarás.
La calle está desierta. La luz de una farola titila, inquietante. Un gato cruza la calle como en un suspiro. En un solo momento. Y viendo ese maldito gato cruzar, en ese eterno segundo, te echo de menos. Porque no estás. Ni estarás.
Y en ese segundo infinito, ese segundo, tu sonrisa aparece en mi cabeza como un disparo a quemarropa contra mi boca. Y mi cuerpo se desploma. Porque no estás. Ni estarás.
Es verano y hace calor, pero me invade un frío familiarmente doloroso. Automático, seduciendo a mi alma para hacerla hielo y, después, romperla con un gran mazo para hacerla añicos.
Reaparecen tus recuerdos, inquisidores torturadores de esta pobre y moribunda alma. Porque no estás. Ni estarás.
Tu ausencia se palpa, tu presencia se muere, explotando mis neuronas. Me vuelvo a la cama, esperando que la noche no muera en mis brazos, que el sol no vuelva a hacer de las suyas. Que sea una noche eterna, punzosamente lúgubre. Porque no estás. No estarás.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)