lunes, 12 de enero de 2015

Morir de amor.

Mi nombre en tus labios es un elixir dulce, adictivo, mucho más excitante que cualquier otro apelativo cariñoso. Tus labios y tu lengua articulando cada una de las sílabas de mi nombre y tu profunda mirada fija en mí hacen que el vello de mi piel se erice en un lento y placentero cosquilleo.
Tus ojos cambiantes de color, tu lunar en la mejilla derecha, tus labios increíbles y tu sonrisa burlona consiguen que mi corazón se acelere hasta límites insospechados. Tus hombros, tus brazos, tu pecho y tu espalda incitan y provocan a mis dedos a acariciarte con suavidad y a mis labios a memorizar con besos cada rincón, cada lunar, embriagándome con tu perfume.
Tus manos, fuertes y dulces, las que acariciam mi pelo y mi cintura, las que trazan fantásticas historias sobre mi piel, las que instintivamente hacen que me incline a besarte, hacen que quiera morder esa sonrisa tan pícara tuya; me vuelve loca, me hace ir a dormir deseando despertar para volverla a ver.
Tú eres la perfección esculpida, eres la razón por las que mis "te quiero" suicidas dan la vida, eres luz en oscuridad. Eres una sonrisa fugaz, un beso dulce entre lágrimas saladas, eres la melodía más bella, eres amor, eres vida.

sábado, 14 de junio de 2014

Junio

Junio. Es una noche calurosa, a la víspera de verano. El ligero viento y tu compañía despeinan mi pelo y me azotan las mejillas. Te miro, asido a mi mano, mirando el suelo y tu melena meciéndose suavemente, lentamente, sin ninguna prisa. Alzas tus ojos, me miras con profundidad, y tus labios se entre abren mostrando tu boca perfecta, deseando juntar tus labios con los míos cálidamente.
El viento sopla y despeina mi flequillo, que apartas de mis ojos  con delicadeza. La noche es oscura, cerrada; en la calle titila la luz de una farola. Permanecemos así, en nuestra soledad, mirándonos el uno al otro, mordiéndonos los labios, esperando quién atacará primero. Te acercas muy lentamente a mí, agarrando mi cintura con ambas manos. Te detienes a milímetros de mi boca, casi rozándola, tu respiración sobre mis labios, Comienzas a tararear, casi susurrar, una canción: "I wanna know what love is". Te cojo la mano, la coloco en la parte izquierda de mi pecho, me pongo de puntillas y te beso, lentamente. "Esto es amor" , susurro. Sonríes, me vuelves a besar con más fuerza, un beso de luz  en la oscuridad de la noche, en la soledad de la calle, tan solo el ruido del viento y de mis latidos en mis oídos. Susurras muy lentamente un "te amo" en mis labios, me besas los párpados y los labios muy despacio, sintiendo la electricidad en mi columna vertebral. Me acaricias la mejilla y volvemos a unirnos como un lazo, tus dedos entre los míos, haciendo el camino de vuelta a mi casa, sin saber que ese lugar se encontrará siempre donde tú estés.

domingo, 4 de mayo de 2014

Silencio.

Silencio. Observo la lluvia caer desde la ventana, estudiando el recorrido que hacen las gotas al fusionarse y deslizarse, viéndolas morir al llegar al final de su camino. Me giro sobre mis talones, de pie junto a la ventana de esta callada habitación, tan solo con la banda sonora de la lluvia al chocar contra la ventana y el piar de Niko a mis espaldas.
Avanzo por la habitación a oscuras sin hacer ruido. Observo tu cuerpo descansar en el sofá, tu rostro tranquilo, sereno, tus labios entreabiertos, rosados, hipnotizantes. Me paso el pelo detrás de la oreja, escrutando tus hombros desnudos, notando cómo se dilatan mis pupilas en la oscuridad. Alzo tu cabeza para poder sentarme, y tus pestañas dejan entrever tu mirada. Tus ojos, a juego con la oscuridad de la habitación, brillan incombustibles, creando un juego de indescriptibles sensaciones en mi interior. Mi corazón se acelera durante ese eterno segundo, temiendo que pudiera romper la armonía del momento. En ese instante, me hago prisionera de tus ojos, como la canción de los Judas Priest. Te alzas, me siento a tu lado y me rodeas la cintura con tus brazos, apoyando la cabeza en mi pecho. Sin decir ni una palabra, te beso la coronilla, y recorro con la yema de mis dedos lentamente la piel de tus hombros, al ritmo de la lluvia en el exterior. Y en ese momento, Niko deja de piar, la incesante lluvia deja de caer; lo único que rompe el silencio de la habitación es nuestra respiración, calmada, dueña poco a poco de Morfeo, al que tú ya has sucumbido en el subir y bajar de mi pecho.

domingo, 20 de abril de 2014

Tú.

Abro los ojos, y me encuentro a los tuyos, profundos, oscuros, brillantes, observándome, muy abiertos, atentos, sin perderse ni un milímetro de mi rostro. Noto entonces la sangre acudir a socorrer a mis mejillas, tornándolas del mismo color, y observo hipnotizada tu sonrisa y tus labios presionando mi frente. Acaricio tu cara y me acerco para besar tus párpados a la vez que me rodeas con tus brazos. Siento cómo se me eriza la piel lentamente, notando cómo tus hombros me aportan una inquebrantable sensación de seguridad. No puedo evitar perderme en tu espalda, recorrerla a besos, construir historias con la punta de mis dedos. Me observas con esos ojos tuyos muy abiertos, conocedor de mis sentimientos, y me besas con dulzura y fuerza, de la única manera en la que sólo tú lo haces. Único, como nunca nadie ha sabido, como sólo tú me haces sentir. Sales de la cama, y mi alma se desprende de mí para irse contigo. Te abrochas las botas, te pones la chupa y te acercas a mí, despacio, saboreando el momento. Yo lo hago con tus labios y tu cuello, entrelazando tu melena entre mis dedos. En ese momento me acaricias la cara, me susurras que me quieres y me vuelves a besar. Debes partir, lo sé, y observo cómo te marchas, sin detenerte en el umbral de la puerta, llevándote mi alma contigo a donde quiera que vayas.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Miércoles.

Es una tarde hartiza, aburrida, como cualquiera de las demás. Es un día lúgubre y oscuro. Me acompaña mi soledad, mi incombustible compañera. Mis demonios permanecen conmigo, asentados en mi cabeza, metidos en mi cama.
En este día eterno, el Sol intenta asomarse pero las nubes no se lo permiten. Mis pensamientos no encuentran su lugar correspondiente, donde sentarse y respirar. El cielo se oscurece cada vez más, como si fuese a caerse de un momento a otro.
Observando el techo de mi habitación, donde mi imaginación me muestra la película de mis recuerdos, miles de colores y formas se esconden y juegan, mientras, de fondo, los Guns n' Roses llaman a la puerta del cielo.
El sol se asoma tímidamente, casi sin molestar, y esa oscuridad se disipa muy lentamente, y se lleva a mis sombras cogidas de la mano, despacio, sin hacer ruido. El vapor de los árboles asciende de nuevo a su procedencia, filtrando los rayos, mandándome un tierno mensaje en forma de sonrisa.
Mientras tanto, continúo observando el paisaje de mi ventana, el juego de luces y sombras que crea este día otoñal, marrón y gris, en este día de plata derretida entre las nubes.

sábado, 12 de octubre de 2013

A tu vera.

Camino a solas por esta calle abandonada, tocando con la palma de mis manos la rugosa pared de los edificios antiguos. Empiezo a atisbar a la gente bebiendo cerveza, olvidando quién sabe a qué amor fallido. Y justo en ese momento, pienso en ti, en tus ojos verdes sonriéndome, tus manos recorriendo cada una de mis vértebras como si fueran las teclas de un piano, o tus labios susurrándome al oído palabras que hacen que los poros de mi piel suden mis ganas de ti.
Meto las manos en las mangas del jersey, y me limpio las lágrimas que el frío ha arrancado de mis ojos. Sigo caminando entre el bullicio y el alboroto, sintiéndome pequeña, perdiéndome entre diferentes historias.
Y así, pese a la distancia, estoy contigo. Aunque la vida nos ponga barreras, prefiero que mis muñecas lloren que perder un segundo a tu vera. Somos dos almas que necesitan la existencia de la otra para comprender el sentido de la suya.
Continúo caminando en la noche, sola, con el frío viento cortándome las mejillas, acariciando las piedras de los edificios, pensando en cuentos con finales felices.

sábado, 7 de septiembre de 2013

A un gran amigo.

Joven héroe, joven luchador. Un joven guerrero que ha peleado duro en una batalla larga y difícil. Y no la ha perdido, solo se ha echado a un lado al ver quién es más fuerte. Trece años de amistad nunca se olvidan, y menos su sonrisa y sus abrazos. Alguien así nunca se olvida.
No existía maldad en él. No sabía siquiera qué significaba. Él era alguien que sonreía con sinceridad. Alguien que te alegraba con sólo un abrazo. Es típico hablar bien de alguien cuando ya no está, pero jamás nadie podría hablar mal de él. Se le quería con solo verle reír.
Ahora que no estás, es todo más difícil. Toca seguir sin ti pero contigo; permanecerás, ausente, en nuestra vida.
Te considero uno de mis mejores amigos, porque te lo has ganado a pulso. Pocas veces te he dicho lo mucho que te quiero, nunca ha sido suficiente. Y ahora que no estás, me has dado donde duele, en mi pilar más fuerte y sólido.
Te quiero, Miguel Ángel, y ten por seguro que siempre lo haré, y permanecerás siempre conmigo, con tu sonrisa y tu alegría. Como tú eres.