domingo, 20 de abril de 2014

Tú.

Abro los ojos, y me encuentro a los tuyos, profundos, oscuros, brillantes, observándome, muy abiertos, atentos, sin perderse ni un milímetro de mi rostro. Noto entonces la sangre acudir a socorrer a mis mejillas, tornándolas del mismo color, y observo hipnotizada tu sonrisa y tus labios presionando mi frente. Acaricio tu cara y me acerco para besar tus párpados a la vez que me rodeas con tus brazos. Siento cómo se me eriza la piel lentamente, notando cómo tus hombros me aportan una inquebrantable sensación de seguridad. No puedo evitar perderme en tu espalda, recorrerla a besos, construir historias con la punta de mis dedos. Me observas con esos ojos tuyos muy abiertos, conocedor de mis sentimientos, y me besas con dulzura y fuerza, de la única manera en la que sólo tú lo haces. Único, como nunca nadie ha sabido, como sólo tú me haces sentir. Sales de la cama, y mi alma se desprende de mí para irse contigo. Te abrochas las botas, te pones la chupa y te acercas a mí, despacio, saboreando el momento. Yo lo hago con tus labios y tu cuello, entrelazando tu melena entre mis dedos. En ese momento me acaricias la cara, me susurras que me quieres y me vuelves a besar. Debes partir, lo sé, y observo cómo te marchas, sin detenerte en el umbral de la puerta, llevándote mi alma contigo a donde quiera que vayas.

3 comentarios:

  1. Es extraño ver como una persona a la que no conoces de nada puede explicar perfectamente lo que has sentido en algún momento de tu vida, si quitamos lo del te quiero.

    Me ha gustado mucho tu entrada ^^

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  2. Muchas gracias, me alegro que te haya gusta don:__)

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