Junio. Es una noche calurosa, a la víspera de verano. El ligero viento y tu compañía despeinan mi pelo y me azotan las mejillas. Te miro, asido a mi mano, mirando el suelo y tu melena meciéndose suavemente, lentamente, sin ninguna prisa. Alzas tus ojos, me miras con profundidad, y tus labios se entre abren mostrando tu boca perfecta, deseando juntar tus labios con los míos cálidamente.
El viento sopla y despeina mi flequillo, que apartas de mis ojos con delicadeza. La noche es oscura, cerrada; en la calle titila la luz de una farola. Permanecemos así, en nuestra soledad, mirándonos el uno al otro, mordiéndonos los labios, esperando quién atacará primero. Te acercas muy lentamente a mí, agarrando mi cintura con ambas manos. Te detienes a milímetros de mi boca, casi rozándola, tu respiración sobre mis labios, Comienzas a tararear, casi susurrar, una canción: "I wanna know what love is". Te cojo la mano, la coloco en la parte izquierda de mi pecho, me pongo de puntillas y te beso, lentamente. "Esto es amor" , susurro. Sonríes, me vuelves a besar con más fuerza, un beso de luz en la oscuridad de la noche, en la soledad de la calle, tan solo el ruido del viento y de mis latidos en mis oídos. Susurras muy lentamente un "te amo" en mis labios, me besas los párpados y los labios muy despacio, sintiendo la electricidad en mi columna vertebral. Me acaricias la mejilla y volvemos a unirnos como un lazo, tus dedos entre los míos, haciendo el camino de vuelta a mi casa, sin saber que ese lugar se encontrará siempre donde tú estés.
sábado, 14 de junio de 2014
domingo, 4 de mayo de 2014
Silencio.
Silencio. Observo la lluvia caer desde la ventana, estudiando el recorrido que hacen las gotas al fusionarse y deslizarse, viéndolas morir al llegar al final de su camino. Me giro sobre mis talones, de pie junto a la ventana de esta callada habitación, tan solo con la banda sonora de la lluvia al chocar contra la ventana y el piar de Niko a mis espaldas.
Avanzo por la habitación a oscuras sin hacer ruido. Observo tu cuerpo descansar en el sofá, tu rostro tranquilo, sereno, tus labios entreabiertos, rosados, hipnotizantes. Me paso el pelo detrás de la oreja, escrutando tus hombros desnudos, notando cómo se dilatan mis pupilas en la oscuridad. Alzo tu cabeza para poder sentarme, y tus pestañas dejan entrever tu mirada. Tus ojos, a juego con la oscuridad de la habitación, brillan incombustibles, creando un juego de indescriptibles sensaciones en mi interior. Mi corazón se acelera durante ese eterno segundo, temiendo que pudiera romper la armonía del momento. En ese instante, me hago prisionera de tus ojos, como la canción de los Judas Priest. Te alzas, me siento a tu lado y me rodeas la cintura con tus brazos, apoyando la cabeza en mi pecho. Sin decir ni una palabra, te beso la coronilla, y recorro con la yema de mis dedos lentamente la piel de tus hombros, al ritmo de la lluvia en el exterior. Y en ese momento, Niko deja de piar, la incesante lluvia deja de caer; lo único que rompe el silencio de la habitación es nuestra respiración, calmada, dueña poco a poco de Morfeo, al que tú ya has sucumbido en el subir y bajar de mi pecho.
Avanzo por la habitación a oscuras sin hacer ruido. Observo tu cuerpo descansar en el sofá, tu rostro tranquilo, sereno, tus labios entreabiertos, rosados, hipnotizantes. Me paso el pelo detrás de la oreja, escrutando tus hombros desnudos, notando cómo se dilatan mis pupilas en la oscuridad. Alzo tu cabeza para poder sentarme, y tus pestañas dejan entrever tu mirada. Tus ojos, a juego con la oscuridad de la habitación, brillan incombustibles, creando un juego de indescriptibles sensaciones en mi interior. Mi corazón se acelera durante ese eterno segundo, temiendo que pudiera romper la armonía del momento. En ese instante, me hago prisionera de tus ojos, como la canción de los Judas Priest. Te alzas, me siento a tu lado y me rodeas la cintura con tus brazos, apoyando la cabeza en mi pecho. Sin decir ni una palabra, te beso la coronilla, y recorro con la yema de mis dedos lentamente la piel de tus hombros, al ritmo de la lluvia en el exterior. Y en ese momento, Niko deja de piar, la incesante lluvia deja de caer; lo único que rompe el silencio de la habitación es nuestra respiración, calmada, dueña poco a poco de Morfeo, al que tú ya has sucumbido en el subir y bajar de mi pecho.
domingo, 20 de abril de 2014
Tú.
Abro los ojos, y me encuentro a los tuyos, profundos, oscuros, brillantes, observándome, muy abiertos, atentos, sin perderse ni un milímetro de mi rostro. Noto entonces la sangre acudir a socorrer a mis mejillas, tornándolas del mismo color, y observo hipnotizada tu sonrisa y tus labios presionando mi frente. Acaricio tu cara y me acerco para besar tus párpados a la vez que me rodeas con tus brazos. Siento cómo se me eriza la piel lentamente, notando cómo tus hombros me aportan una inquebrantable sensación de seguridad. No puedo evitar perderme en tu espalda, recorrerla a besos, construir historias con la punta de mis dedos. Me observas con esos ojos tuyos muy abiertos, conocedor de mis sentimientos, y me besas con dulzura y fuerza, de la única manera en la que sólo tú lo haces. Único, como nunca nadie ha sabido, como sólo tú me haces sentir. Sales de la cama, y mi alma se desprende de mí para irse contigo. Te abrochas las botas, te pones la chupa y te acercas a mí, despacio, saboreando el momento. Yo lo hago con tus labios y tu cuello, entrelazando tu melena entre mis dedos. En ese momento me acaricias la cara, me susurras que me quieres y me vuelves a besar. Debes partir, lo sé, y observo cómo te marchas, sin detenerte en el umbral de la puerta, llevándote mi alma contigo a donde quiera que vayas.
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