Camino a solas por esta calle abandonada, tocando con la palma de mis manos la rugosa pared de los edificios antiguos. Empiezo a atisbar a la gente bebiendo cerveza, olvidando quién sabe a qué amor fallido. Y justo en ese momento, pienso en ti, en tus ojos verdes sonriéndome, tus manos recorriendo cada una de mis vértebras como si fueran las teclas de un piano, o tus labios susurrándome al oído palabras que hacen que los poros de mi piel suden mis ganas de ti.
Meto las manos en las mangas del jersey, y me limpio las lágrimas que el frío ha arrancado de mis ojos. Sigo caminando entre el bullicio y el alboroto, sintiéndome pequeña, perdiéndome entre diferentes historias.
Y así, pese a la distancia, estoy contigo. Aunque la vida nos ponga barreras, prefiero que mis muñecas lloren que perder un segundo a tu vera. Somos dos almas que necesitan la existencia de la otra para comprender el sentido de la suya.
Continúo caminando en la noche, sola, con el frío viento cortándome las mejillas, acariciando las piedras de los edificios, pensando en cuentos con finales felices.